Zona Arqueológica de El Tabasqueño

El Palacio-Templo de Tabasqueño tiene ocho habitaciones en el primer nivel, dos de ellas justo bajo la escalinata. Este detalle llama la atención, porque existen pocos casos en los que la escalinata fue construida sobre dos habitaciones. En el segundo piso sólo se conserva el aposento del templo que mira al norte, pues el del sur colapsó hace tiempo.

La fachada norte del Palacio-Templo es uno de los mejores ejemplos de arquitectura Chenes, con la imagen de un gran mascarón de mosaico de piedra que representa al Monstruo de la Tierra (Itzamná) abriendo las fauces. Sus incisivos centrales superiores adoptan la forma de una letra T, mostrando así al signo Ik, asociado a la deidad solar y con significado de aliento, vida, germinación. Su gran boca es nuevamente una T, pero ahora invertida. La deidad es además replicada en ambas esquinas con rimeros o cascadas de ocho mascarones de nariz ganchuda. Realzando la monumentalidad del edificio, en la azotea hubo también un muro calado o crestería con figuras de estuco, aunque hoy sólo se conserva parcialmente. Teoberto Maler reportó que todo el mascarón estaba pintado de color rojo intenso, al igual que la crestería. Este experto mayista laboró los registros arquitectónicos y consignó una altura total poco menor a los 15 metros.

El estudio de la orientación de este aposento, efectuado por Abel Morales López (Universidad Autónoma de Campeche), indica que durante los solsticios de verano la luz del amanecer y la del ocaso permiten la iluminación de las paredes interiores. Dicho investigador también reportó varios grafiti (dibujos incisos sobre el recubrimiento de estuco de las paredes) en los que se apreciaban estrellas, un personaje sedente y lo que semejaba una cuenta de días indicada por rayas verticales y cruces dispuestas a lo largo de dos líneas horizontales.

Por su parte, Ivan Sprajc y Pedro F. Sánchez Nava, del INAH, señalan que la orientación del Palacio-Templo efectivamente tiene relación con las orientaciones solares, mientras que la Estructura 3 (próxima a la Torre) probablemente señalaba las salidas del Sol en las fechas 19 de febrero y 22 de octubre.

De acuerdo con el reporte de Maler, en el primer nivel del Palacio-Templo, la fachada del aposento ubicado en el extremo oeste tuvo como parte de su decoración (a la altura y a ambos lados del dintel) dos figuras humanas de estuco modelado, dispuestas horizontalmente, como si nadaran y al mismo tiempo escaparan de los brazos de un monstruo procedentes de una pequeña casa. Desafortunadamente, tanto los grafiti como las imágenes de estuco se han perdido, en especial por los embates de los huracanes Ópalo y Roxana, ocurridos en 1995. Ese año la habitación superior del Palacio-Templo sufrió el derrumbe de buena parte del sector oriente. Ocho años después la construcción fue restaurada bajo la dirección de Ramón Carrasco, del INAH.

Varias habitaciones del primer nivel del Palacio-Templo conservan vestigios de pintura en su interior. Aparentemente, en el paño inclinado de las bóvedas (intradós) hubo escenas en color rojo enmarcadas por gruesas bandas azules. Los dos aposentos del fondo tienen banquetas de mampostería, lo cual indica que pudieron usarse como viviendas de la élite.

Durante el proceso de excavación del costado norte del Palacio-Templo y del edificio adjunto (lado poniente; Estructura 1A) se recuperaron varios metates y fragmentos de los mismos. Estos artefactos de molienda evidencian la práctica cotidiana de preparación de alimentos, actividad evidentemente desarrollada cerca de los espacios ocupados por los dirigentes.