Arquitectura Colonial Civil en Campeche

La segunda mitad del siglo XVIII es un parteaguas en la arquitectura civil de Campeche, la piratería iba en extinción y sus pobladores se confían al mundo adoptando nuevas corrientes arquitectónicas y culturales. Las ventanas se abren de par en par, el comercio fluye con más vigor y sus puertas, de recias maderas de la región, se ensanchan para dar paso a las carretas cargadas de mercancías. Las fachadas se enriquecen y adornan, el barroco hace gala en los frisos, dinteles y portones. El neoclásico llega para quedarse en cornisas y guardapolvos, las peanas curvas son sinónimo de elegancia y los zaguanes son el preámbulo a los patios rodeados de arcos de medio punto en torno al brocal de un aljibe.

El colofón del siglo XIX es la belle epoque que parecía llegar para quedarse una eternidad, el Art Nouveau y el Art deco transforma todo, las artes y las ciencias; las líneas se transforman en elegantes y complejas curvas con elementos iconográficos de la naturaleza y la tecnología. Las ventanas llegan hasta el piso y sus enrejados adquieren complejos diseños, las pilastras adosadas adornan hasta los segundos pisos de las ricas casa de los comerciantes y los almohadillados cubren las fachadas; es la época del porfiriato y del modernismo, que dejó su huella en las calles de los nuevos barrios como el de Guadalupe. Los arcos exteriores se imponen en las ricas mansiones mezclándose de manera proporcionada con las viviendas más modestas techadas de tejas francesas, aportando a la ciudad una armoniosa arquitectura llena de eclecticismo y gracia.